Bruno Marcos

13 de Diciembre En esta soledad endurecida por el frío se esculpen los edificios frente a esta ventanita bajo la cual he colocado, ahora, el ordenador. Los bloques se extienden hacia el horizonte de lo que podría ser una ciudad cualquiera en cualquier lugar del mundo.
Hace falta imaginación –la imaginación del hombre- para considerar este mundo apasionante. Gran parte de la infelicidad viene a quien pretende vivir con pasión.
Adelantándose a la navidad tres hiladas de luces de colores intermitentes enmarcan sendas ventanas a lo lejos. Son un apunte indeciso y extraviado, un signo en la noche incapaz de remitir a lo que indica: ilusión, calor, amor… sin embargo laten contra el vacío sideral, sin más construcción delante, palpitan frente a una niebla embrujada que viene del polo norte.

1 comentario:

inespoe@gmail.com dijo...

Me lo imagino, no puedo sentirlo, nunca he visto la nieve. Me recuerda a la imagen arquetípica--casi-- que tengo de la casa de Santa Claus.

Sería interesante leer desde el 1ereo hasta el 31..