Bruno Marcos

19 de Agosto Cogemos un ferry. Son apenas veinte minutos de trayecto, ni siquiera salimos a alta mar pero deambulo por el paquebote como un niño y al final me coloco en la proa. Hay un viento muy fuerte y el sol se pone de cara a nuestro trayecto. Saco la cabeza hasta que no veo nada humano, sólo mar, cielo y aire. Pienso en que me gusta -me gustaría- navegar porque así se siente uno más un elemento que un humano.

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