6 de Junio ¡Qué impresionante! Poder leer las cartas manuscritas del pobre Buscarini. Apenas tenía 20 años en ellas. Ya con dieciséis se quejaba de haber fracasado, de que el mundo no reconocía al poeta, como se nombraba a sí mismo. Las cuatro o cinco que he leído hoy están maravillosamente escritas. Todos le describieron como poco menos que una piltrafa humana. Hay una de esas epístolas que es indescifrable y que contrasta con las otras de caligrafía clara y redacción cabal. El exégeta apostilla que debió redactarse en un momento de tremenda alteración psicológica.
Bruno Marcos
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