5 de Junio Hace ya más de una semana del recital de los leteos en el que intervine para presentar el último número de su revista. Aunque no pudo quedarse me acompañó hasta la puerta el crítico. Al presentárselo al que debía ser el líder letéico este comentó que le sonaba su cara, que le sonaba mucho, pero no sabía de qué. Y esto nos lo decía en una conversación que mantenía pedaleando desde su bicicleta muy despacio para adaptarse a nuestro paso. Como no daba con su cara entre su caroteca resultó, en un apunte cómico bohemio, con que debía sonarle la cara de el crítico de algún lugar inconfesable apostillando yo que si, en el lugar inconfesable, había humo la cara de el crítico no podía haber estado entre ese humo desatándose caracajadas generales.
Poco después pregunté que qué cosa era en concreto ser un leteo sin que nadie pudiera responderme enteramente. Añadí que en el par de ocasiones en que se me había presentado a alguien como un leteo, al día siguiente, alguien me desengañó anunciando que ese ya no era un leteo.
Dicen que es que hay ya varias generaciones de ellos, que caducan, que se superponen... Y pienso que al salir yo, luego, en la prensa junto a los leteos leyendo este diario, que algún otro interesadísimo como yo en saber qué cosa son los leteos concluya. “Bruno es un leteo”. Y sea yo parte del significado de lo que fuere el ser leteo.
Pero no, para ser un leteo hay que tener un no sé qué... un qué sé yo... que yo no tengo.
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