11 de Junio Ella formaba parte de esa colección de personajes pertenecientes a la generación anterior a la nuestra que dibujaban por la bohemia local un cuadro de almas en pena. Yo no entendía muy bien por qué debían subirse de rondón al carro de todas nuestras iniciativas, qué aportaban realmente, si lo que transmitían era la sensación de que su fracaso vital estaba cohesionado al artístico, de que no había salida a ese impulso que vivíamos.
Nunca me criticó directamente. Muy al contrario se encargó de dar cierto eco en la prensa a las cosas que yo hacía. Sin embargo el sputnik, contra mi voluntad, me retransmitía sus maledicencias. En una ocasión, al terminar un libro para el que había recibido una beca, le pregunté ingenuamente si me podía recomendar alguna editorial, a lo cual me contestó con que me dirigiera a la que, por entonces, era la más importante de España. Yo le repliqué que era absurdo pretenderla, que era como pedir el Nobel de entrada. Pues cuando salió el libro finalmente se encargó de decir donde la escucharon que yo estaba inseguro respecto a ese libro.
Ahora firma ella uno encargado por la concejalía cesante sobre las esculturas de la ciudad. Esculturas o cosas gazmoñas hechas en piedra, hierro, hormigón, aluminio... Un repertorio producto de la improvisación de concejales sucesivos que en el mejor de los casos andaban desorientados y, en el peor, eran directamente analfabetos. Me pregunto que la habrá llevado a dar coartada literaria a esa colección de floreros horrorosos.
Mientras tres o cuatro nos hemos partido la cara por merodear un concepto mínimamente decente de lo que debiera ser el espacio público van otros y hacen esto. Supongo que el hambre espiritual y física hace tocar el fondo de los reptiles.
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