23 de Mayo Con tanto paseo me acuerdo del pobre Rimbaud. ¡Ay que ver! Ahora ya no es para mí el maldito, irreverente, el genio nuevo, el alquimista del verbo que, bajando una temporada al infierno a través de la poesía, va y abandona.
Llevo años buscando en él la respuesta a mi deseo constante por dejar el arte, a su merdé pour la poésie, y voy ahora y sólo pienso en él como un caminante infatigable. Dicen que se iba a pie de un país a otro cuando se le cruzaba el cable.
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