4 de Abril Surgió de Ella la curiosa iniciativa de ir a la procesión del Domingo de Ramos. No me negué porque pienso en que ese fue uno de los momentos más felices de Jesús y me alegro por él. Pero a medida que nos fuimos acercando a la celebración me fui sintiendo más asqueado: La gente vestida de domingo y portando en la mano unas palmas trenzadas que deben costar un buen dinero.
Ya entre la multitud empecé a renegar. Como nadie me escuchaba se lo dije a Darío: “Mira, hoy le reciben como a un rey y dentro de cinco días le crucificarán... y encima, al final, desfilan los políticos, con su palma también... ¿cuántos de ellos no contribuirían a matarle si hubieran vivido en su época?..., en aquella el que menos se lavó las manos..., ¿cuántas de todas estas personas no renegarían de él si lo hizo hasta su mejor amigo?”En eso, la ramita de olivo que le habían cogido sus abuelos en la misa, se le cayó de las manos y nos volvimos a casa meditando yo en que tal vez, con diatribas como esa, cuando sea mayor le convierta en un raro.
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