1 de Abril ¡Qué línea discursiva tan nítida marca la pura casualidad! Por segunda vez la contratan a ella para representar legalmente a un inmueble en mi barrio, en el barrio de mi infancia más arcaica. La espero en la calle, justo enfrente del colegio que no fue el mío pero sí el de mis amigos. ¡Qué arquitectura sin destino esta de los años 70! Sin ningún atisbo de belleza, como de arquitectos tartamudos, autodidactos, pobres... Pero a ella está soldada mi memoria, a ese moho de los bloques de hormigón, a ese enladrillado gastado... Todavía puedo sentir la imaginación de ver a mis amadas infantiles entrar bajo ese pórtico sin gloria y salta, todavía, en mí la palpitación de un tenorio pueril.
A veces ansié ir a ese colegio, con mis amigos bárbaros, aquellos que eran heroicos y completos en el territorio de la calle, el parque o el descampado, pero que iban a estrellarse allí al colegio, a dar con la cabeza en el suelo y repetir año tras año sin conseguir que una sola letra o número entrase en sus molleras.
¡Qué incomprensible! Fuera del colegio eran fuertes, valientes, ágiles, y – ¿por qué no?- bellos, y, sin embargo, en él debieron ser nulidades totales. Veo ahora esa infancia como una vida total, otra vida que viví, con su principio y su final, al margen de esta.
Bruno Marcos
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