Bruno Marcos

16 de Febrero Llevo varios días exponiéndole a ella que voy a cambiar totalmente, que me gustaría escribir un best seller, que qué más me da a mí. Todos apuntan que están muy mal escritos y, además, veo que sus autores son totalmente desconocidos. De dónde los sacan le pregunto, acaso se leen en las editoriales los manuscritos y les llaman. Qué más quisiera yo, me digo, que ser riquísimo, reconocido y denostado por cuatro fracasados. Como ella ha leído algunos best sellers me indica que lo importante es que te enganchen, yo le contesto que eso son cuatro reglas estereotipadas que se llevan haciendo en literatura desde que el mundo es mundo.
Por la noche vemos uno de los últimos episodios de Los gozos y las sombras y claro quedamos un poco apasionados por lo que tiene de culebrón. Al acostarnos, con voz meliflua, en el momento de más intimidad, le pregunto: “¿Tú crees que podré yo algún día escribir algo así?”. Ella, con toda seguridad y de forma espontánea contesta: “No... tú no tienes imaginación...”. Enseguida me enfado y no me valen observaciones, no caben.
Al día siguiente intenta explicarme que lo que quería decir es que yo no tengo imaginación para hacer una historia con personajes a los que les pasan cosas mundanas, es decir, como es la realidad, con amor, desamor, odio... que yo siempre tengo que hacer literatura como muy intelectualizada. Yo protesto pues, precisamente, copiar la realidad no es ser imaginativo sino revolcar lo que pasa y reordenarlo. No sé por qué se pone a hablar de Víctor Hugo, de Alejandro Dumas y de que yo no haría un Conde de Montecristo sino uno que le da vueltas a no sé qué en su cabeza. Vuelvo a protestar, pues precisamente el Conde de Montecristo es uno que se reconcome y está en una celda inmunda, a lo que ella responde que ya, pero que yo sólo narraría el tiempo que se pasa en la celda.
Después del último episodio hay otra entrevista a Torrente Ballester con las misma preguntas. Reinciden con lo de que le llegó el triunfo tarde. Ella lo aprovecha y musita, ya en la cama: “Ves... él también se encontró con problemas, tardó mucho en triunfar, no le llegó el reconocimiento hasta los tantosmil años. “Ya -le digo yo- pero él se encontró con el rechazo de algunos críticos y el ninguneo, no con que su propia mujer le dijera que no haría nunca una gran novela porque no tenía imaginación.”

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