15 de Febrero Paso junto a un edificio con balcones ornados de molduras neobarrocas y madreselvas. En uno de ellos una mujer ya vieja y, a lo que parece, deficiente, arropada en una bata fucsia que contrasta con el verde viejo de la enramada, mira a un lado y otro de la calle. A uno un viaducto y, en su fondo, los restos de la estepa castellana, al otro la ciudad contemporánea, muy cuca, de diseño, por la que, a buen seguro, casi nada transita. Pienso, mientras paso, en esa vida deficiente y me resulta de alguna forma confortable, esa pequeñez de su posible achata el mundo entero, lo despeja de sus complejidades, de sus deseos devengados sin remedio en ansiedades. ¿Cómo habrán sido sus lustros mirando, desde una cabeza deficiente, los dos extremos de una calle, de una ciudad, de un mundo deficientes?
Bruno Marcos
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