Bruno Marcos

10 de Febrero Vamos a inaugurar su nuevo apartamento en una torre desde la que se divisa absolutamente toda la ciudad. Esa zona está construida sobre el antiguo cementerio judío que, en un monolito, agradecen haber recibido los habitantes de la urbe justo antes de ser expulsados los sefardíes. Mires por donde mires te encuentras con el cielo. El piso había pertenecido a una anciana enfermera que ahora habitaba en un asilo.
A última hora me comentan que las sobrinas arramplaron con todo menos con la biblioteca de la vieja señora que amaneció arrumbada en la buhardilla. Pido que vayamos a echarle un vistazo. Hay muchísimo de Don Pío Baroja, no sé si por mero vasquismo; algún libro insólito para mí como uno que trata ya en su título del dandismo, sabiendo que solía Don Pío andar en alpargatas por Madrid. Shakespeares, y, al fin, al azar, una historia de los filósofos más ilustres de Diógenes Laercio, el tomo I, en edición bastante vieja; se lo encarezco añadiendo que contiene las excentricidades del otro Diógenes, el del barril, el onanista del ágora, no sin sentir deseos de apropiármelo de mala manera. ¡Quién se lo iba a decir a ambos diógenes, que sus letras y su historia acabaran a más de 20 pisos de altura sobre las almas desahuciadas de los judíos errantes!

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