Bruno Marcos

24 de Diciembre Hoy es Nochebuena y una soterrada euforia va aflorando. Veo, con ese recelo estoico tan propio de mi madre, los conatos de excesiva e injustificada felicidad. Pienso en otros años, en que ha habido unos mejores que otros, algo que yo me negaba a aceptar, todos habían de ser iguales.
Este año el niño ya abre sus propios regalos. Entre la algarada le cojo y le pongo en pie sobre una mesa para que vea todo el festín de despapelamiento y él, de forma intermitente, se vuelve serio hacia mí y me enfoca con su mirada azul. Es como si necesitase constatar que era yo el que estaba ahí con él y que yo encontraba normal a esa jauría destripando regalos.
Cada Nochebuena uno la vive con menos pasión, con más ganas de irse a su casa y a su cama y a sus cosas de siempre, sin darle importancia ni a alimentos, ni a regalos, ni a buenos deseos. Pero al tiempo que se pierde intensidad se gana en estabilidad.

No hay comentarios: