Bruno Marcos

29 de Octubre He de reconocer que el cementerio ayer estaba muy hermoso, que casi no podía sentir toda la angustia que la muerte proporciona. Solamente me quejaba una y otra vez a ella por traer a un niño tan pequeño a semejante sitio. Ya sé que él no se daba cuenta de nada, que era a mí al que asaltaba el temor más grande, el que siempre me hizo dudar de traerle al mundo, el de que él también algún día sea un cadáver.
Pero el cielo despejado y su propia alegría fueron trayéndome la idea que en su día me convenció, la de que por vivir esta vida merece la pena...

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