24 de Agosto Dioses cadáveres. Es la expresión de Pierre Loti ante la inmensidad de piedras labradas de la ciudad abandonada de Angkor. Es maravilloso el relato que hace de su viaje. Lejos de mostrar un entusiasmo exagerado o una recreación fantástica al uso refleja sensaciones muy parecidas a las que yo he sentido en los viajes. Todo le satura, toda la muerte que rezuman las ruinas le ponen melancólico.
La primera noticia que tuve de Pierre Loti fue en Estambul donde todo el mundo habla de él porque debió establecer su residencia. Fuimos al famoso Café Pierre Loti en un alto desde el que se divisa todo el cuerno de oro y luego bajamos, como los propios estambulitas, por el inmenso cementerio paseando. Ella compró varias postales en las que Pierre aparece disfrazado de egipcio, de turco, fumando el narguile y así... y al llegar a casa compró este libro que ahora leo con delectación, solo y acostado en el dormitorio colonial. Creo que incluso en su momento la reprendí por comprarlo pensando que era una tontería.
No es sólo fascinante el monumento de la ciudad perdida sino cómo la sabana se la va comiendo. Los dioses, los personajes del Ramayana congelados por milenios, las apsaras capaces aún de concitar el placer de existir...
Sin embargo, ahora veo que yo no he sido tan pesimista, tan Pierre Loti, que cuando vi por primera vez esas apsaras no sentí toda la muerte de los habitantes de esos templos sino que sentí la deslumbrante luz de su existencia. Aunque tenía fiebre todavía en los templos de Kajuraju, donde el estilo hindú más puro se despliega por los lienzos de piedra, los turgentes, explosivos pechos de las apsaras danzando hacían evocar para mí el momento probable en el que el artista que los tallara encontrase en un lecho a su apsara real... Y el kamasutra al completo en piedra, zoofilia, poliandría inmemorial, deslumbrante entre los jardines de bugavillas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario