Bruno Marcos

22 de Agosto Vamos a ver atardecer a Aldán, lo más parecido a los Gozos y las Sombras que he encontrado, -casi nada-. El crepúsculo hace rodar un sol sacro por los montes de eucalipto y justo cuando se esconde se puede ver toda la ensenada sin ser cegado por el astro. Están una infinidad de barquichuelas flotando por todas partes y hay una gran sensación de paz, de aburrimiento.
Me fijo en una barca. Como en todos los puertos hay algunas que parecen abandonadas, aún amarradas a la orilla se ve que no las ha tocado mano humana en muchos años. Están cubiertas de una costra que las vuelve minerales, que unifica toda su forma en una sola con distintas capas sucesivas de barro, sal, arena, niebla y sol. Son como un cadáver de las otras o, más, como una momia, como una barca que ha pasado de ser una barca de verdad a un arquetipo, a la abstracción que la palabra barca designa.

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