20 de Julio Me voy dando cuenta de que mi impulso por comprar una casita en el paraje ignoto no es tanto el de la huida a la naturaleza como el de la propiedad. Frente a este piso tenemos un jardín al que nunca podrá superar el de esa hipotética casa. Claro que no es privado, que no es mío, y claro que con la propiedad va también la huida hacia uno mismo, la libertad y la creatividad, porque ni los peces multicolores, gigantes y atigrados del precioso estanque, ni los nenúfares que cuajan como estrellas de color sobre la piel del agua, ni las palmeritas enanas están ahí porque yo las pusiera o porque yo eligiera comprar ese jardín.
No obstante con la excusa del bebé me tiro en su césped y miro el mundo a ras de su piel, y el cielo, como si fueran míos, nuestros.
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