13 de Junio He de dejar de mirarme en los escaparates. Dificilmente la imagen que me devuelven ya me gusta. Aparece en ellos un señor. No es un muchacho ya. Con una seriedad de piedra desplomada lo que viene a ser mi rostro me escruta como escondiéndose de que me está mirando pero, a la vez, clavando profunda e inquisitivamente en mí su fúnebre mirada. Debe ser el esqueleto.
Sin embargo cuando tengo al bebé entre los brazos me encuentro sumamente guapo. Acaso su belleza espejee en mi cara o, tal vez, reverdezca yo por dentro y eso se vea.
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