10 de Marzo Me preguntaba qué sería de él. Hace casi dos meses que clausuramos la exposición y no hemos vuelto a hablar. Me dijo que en estas fechas se iría a Nueva York invitado por un artista amigo suyo allí afincado.
Un aviso, el viernes, me citaba para llevar a mis alumnos a una obra de teatro que, curiosamente, será El retrato de Dorian Grey, como la película que me proponía hacer sobre su vida.
Hoy, a media tarde, sobre las cabezas del gentío apareció la suya, siempre 30 o 40 centímetros por encima de todos. Iba seguido de su hijo. Ya no lleva su indumentaria clásica, chaqueta y pantalón negros, ni está coronada su figura por aquella melena escarolada, derramada en derredor de su cabeza ancha, y rala en su cenit. A mí me gustaba más aquel aspecto suyo, extravagante si se quiere para el hombre corriente, semejante a un ataúd o a un difunto puestos de pie, ataúd o difunto muy grandes, pero peculiar, extraordinario, para las mentes sensibles. Esbozamos unas palabras y me quedé muy triste.
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