Bruno Marcos

27 de Julio Unos libros llevan a otros, pero ¿es ese el tema de la literatura?¿los libros? No. Son las personas de los libros.

26 de Julio Bartleby y compañía, tiene todos los ingredientes de una novela que me debería gustar. Son las notas a pie de página de una narración inexistente sobre escritores que dejaron de escribir. Totalmente metaliteraria, atiborrada de citas y de anécdotas pero...
Falta lo que para mí es una novela, el testimonio total, el mundo y el desgarro que toca el interior, quizá le pase lo que a Borges que sean ficciones inteligentísimas, intelectualizadas, pero eso, ficciones, sin vida.
Seguro que hace años, cuando yo era muy reticente con la novela, me habría gustado más.

25 de Julio ...recorrer el barrio del instituto en el que estudié... Podía haberse mantenido intocado pero no, como todo es ya otra cosa... los solares... las casa deprimentes, como chalets pobres, han sido acorraladas por bloques de viviendas. La cercanía de la universidad lo ha convertido en un sitio peculiar, un barrio de jóvenes, un soho. Me recuerda a la ciudad de la rana en la calavera. Cada vez me doy más cuenta de lo niños que éramos y que toda ella era una ciudad de niños, de niños libres y a ratos desorientados, como ese París que decían debió ser una fiesta, no creo que lo fuera más que esa.
Recorro incluso la verja del centro educativo que albergó mi cuerpo durante cuatro años, en el que me pasaron tantas cosas cruciales a mi entender de entonces y que ya nadie recordamos. Mi reflexión va hacia que si ni nosotros mismos nos tomamos la molestia de recordar nuestras vidas cómo no va el mundo en general a sepultar nuestras existencias.
Es todo una cosa mental. Recuerdo que una vez con 20 o 21 años repetí ese itinerario del muchacho al instituto y mi sensibilidad se excitó. ¿Acaso sea yo ya un ser insensible?
Por un momento pensé en que al final de una de esas calles aparecería un solar tétrico asiduo de mis pesadillas. Estaba totalmente convencido aunque sabía que habían edificado en él y me impresionó no hallarlo.

24 de Julio Hoy sin embargo soñé que mi madre me decía: “¿No crees que eres ya mayor para andar haciendo poesías?”. Y luego añadía: “Además... unas poesías tan apasionadas... tan así... dan una mala impresión... “. Y yo pensaba que tenía razón, la impresión de que fuera un muchacho, de que me faltara algo...

23 de Julio Ayer soñé que estudiaba un poema muy largo de una corriente estética que no me interesa y, no obstante, encontraba cosas valiosísimas. Pero lo asombroso no es esto sino que en mi mente podía ir leyendo cada verso, varias estrofas de las que aún recuerdo partes. El caso es que debía mi cerebro ir escribiendo ese texto que se me presentaba como de otro pero que sólo podía estar en mi cabeza.

22 de Julio Como a un vaquero que va siendo abatido por las balas le observo en la cuna de reojo mientras finjo leer un libro. El sueño se va apoderando de él hasta que no da pie con bola. Al final, cuando le creo ya dormido, saca la manita de entre los barrotes y me agarra un pie, y justo en ese momento en que consigue apresar mi pie me mira y cambia el gesto y se sonríe, segundos antes de desplomarse en su cárcel blanca.

21 de Julio Me creía yo el único que se sentía dueño del jardín público pero ayer vi entrar a un hombre distinguido, caminaba erguido, con el cráneo rapado igual que la barba. Llevaba lentamente con las manos una bicicleta, como si no le apeteciese pedalear sino caminar, ir más despacio por la sombra. Se paró en la fuente e hizo algo muy extraño. Cogió agua en el hueco de sus manos y la arrojó sobre el asiento de la bicicleta para luego frotarlo minuciosamente. De vez en cuando lanzaba una relajada mirada hacia mí como expresando que le era indiferente mi asombro a la vez que lo entendía. Después se fue hacia el sol y desapareció entre la maleza. Incluso pensé en que debería comprarme una bicicleta si no fuera porque al poco alguien me dijo que ese hombre era el que pedía en la puerta de la iglesia y que la bicicleta es de las que presta el ayuntamiento.

20 de Julio Me voy dando cuenta de que mi impulso por comprar una casita en el paraje ignoto no es tanto el de la huida a la naturaleza como el de la propiedad. Frente a este piso tenemos un jardín al que nunca podrá superar el de esa hipotética casa. Claro que no es privado, que no es mío, y claro que con la propiedad va también la huida hacia uno mismo, la libertad y la creatividad, porque ni los peces multicolores, gigantes y atigrados del precioso estanque, ni los nenúfares que cuajan como estrellas de color sobre la piel del agua, ni las palmeritas enanas están ahí porque yo las pusiera o porque yo eligiera comprar ese jardín.
No obstante con la excusa del bebé me tiro en su césped y miro el mundo a ras de su piel, y el cielo, como si fueran míos, nuestros.

19 de Julio Durante un tiempo tuve una relación muy idiota con la muerte.

Vila-Matas

18 de Julio El otro día en el rastro ella tiraba de mí para que no me metiera donde las antigüedades y la chatarra. Argüía que todo eso eran porquerías. Yo no lo negaba pero protestaba oponiéndome a que lo dijera como si la otra parte, la de ochenta bragas a un euro y cosas así, fuera una maravilla exquisita.
En eso pasó junto a nosotros un hombre dando voces. Yo sólo entendía en cada frase la palabra “Jesucristo”. Era un hombre cetrino, vestido con vaqueros apretados y una camisa gris. Tenía la voz cascada como casi todos los hombres gitanos de una determinada edad.
El caso es que me quedé pensando sobre el tipo de personas que pueden encontrar la fe así, porque alguien, en el rastro, le dé una voces indescifrables en las que aparece mencionado Jesucristo.

17 de Julio Hacen una exposición que es la casa del Oráculo puesta en vitrinas. En realidad da un poco de pena porque es toda una vida en cuatro cosas: Algunos cuadros de amigos que se le han cruzado, cartas, ediciones de los libros y premios. Yo creo que eso es cosa más de estar en secreto, de que lo vean unos pocos.
Huele un poco a exposición de muerto, consagrarse debe ser un poco eso, untarse un poco de vitrina. Lo que más me ha gustado son las medallas. Es algo que me gustaría llegar a obtener, medallas, medallas..., mucho más que los trofeos que son un algo deportivos y no se pueden llevar. Una picadura marcial me arrastra a las medallas, poder llevar en la solapa escrito lo que has hecho, las proezas, aunque estas sean literarias y estén hechas de derrotas.

16 de Julio Estaba al otro lado del semáforo y en cuanto este se puso en verde salió caminando trabajosamente con una muleta en el brazo derecho. Avanzaba con dificultad, como si no supiera muy bien cómo se sacaba rendimiento a esa tercera pierna. Yo le miraba fijamente porque uno de sus puños había golpeado mi mandíbula hará casi 25 años y aún no he podido olvidarlo. No sé si me reconoció pero me dedicó una torva mirada con el ceño fruncido.
Lin sigue igual que hace casi 25 años. Rubio, de ojos azules, casi enano, de complexión primitiva, ancho de hombros y, dentro de toda su claridad rubicunda, esos rasgos mongólicos.
Residía al final de nuestro barrio, en unas casitas residuales, entre la chabola y la casa de pueblo, con su abuela y un montón de hermanas que parecían retrasadas.
Todo transcurrió al comienzo de una aburrida tarde de verano . Algunos de mi barrio y otros del suyo charlábamos relajadamente sobre quién resultaría vencedor de hipotéticas peleas, pero sin beligerancia, por hablar de algo. En eso apareció él, surgido como un cromañón desde la penumbra de su casita deprimente. Sus amigos lo presentaron como a un Aquiles suburbial invencible. Y a lo tonto este se vio retado y empujó a un amigo mío y yo, sin saber todavía hoy por qué, en un claro impulso suicida, camicace, nihilista, empujé al Aquiles quien, antes de finalizar el trayecto provocado por mi acometida, ya había estampado su puño de piedra en mi quijada. Se me alteró la respiración como si hubiera corrido los cien metros lisos en tiempo récord y una inusitada verborrea absurda me llevó a mantener una defensa sofista de mi amigo al margen de que el que casi estaba totalmente abatido era yo. El otro, Lin, el austrolopitecus quedó también paralizado.
Durante todo el tiempo en que tuve la dureza cicatrizando por debajo de la piel en la mandíbula les invitaba a mis amiguitos a que la tocaran, con orgullo la exhibía como una cicatriz de guerra.
En estos casi 25 años le habré visto unas seis o siete veces que recuerde. En cierta ocasión le vislumbré encaramado a un balcón de la calle matasiete, pensé en que se hubieran trasladado a ella. Una noche, mientras estábamos sentados en una terraza de la plaza mayor, vimos salir precisamente, rodando, por la pendiente de esta pequeñísima calle, la silla de ruedas con la abuela y sin tripulante derrapando al final y derramándose la anciana de costado con los cabellos blancos al aire de su vuelo, sin gobierno, envuelta en la llama negra de sus ropas.

15 de Julio Cuando llegues a Estambul escápate un día con alguna excusa y vete solo a la calle que lleva a Sulthanhamet, la plaza de las mezquitas, creo que es Divan Yolu Cadesi, es por la que pasa el tranvía nuevo.
Por el lado izquierdo en dirección a Santa Sofía, a mano izquierda encontrarás, caminando por la acera, un verja de piedra gris y hierro negro, en el interior un jardín descuidado con lápidas, es un cementerio minúsculo. Entra, al fondo hay un café donde puedes tomar un té y fumar un narguile.

14 de Julio Estábamos sentados en una terraza y a mi espalda apareció una mujer con un niño pidiendo limosna. A la mujer casi no se la oía. Murmuraba esa serie de sonidos lastimeros que ni los pobres mismos saben qué dicen.
Como no tenía suelto les dije que no y, en eso, Darío dio un respingo en su sillita y se puso muy contento al ver al niño extendiendo su manita hacia él.
El otro, de unos seis o siete años, se asustó e hizo un instantáneo gesto de retirada. Pensé en que Darío no tiene ningún prejuicio, que sólo ve un niño en ese niño pobre, en cuánta inocencia hay en su mirada, en que tal vez toda su belleza provenga de ella. Y el otro... esa huida... ¿a qué tenía miedo?

13 de Julio Me desvié unos metros antes de entrar en el portal para ver de cerca la escultura que lleva más de un año frente a mi balcón. Han colocado un letrerito en el suelo junto a ella explicando quién es su autor y entrecomillando el título que es “Toro ancestral”. Se trata de unas formas curvas geométricas que vienen a ser un resumen muy escueto de una vaca. Alguien me comentó que el autor no consiguió endosarles el toro ancestral al mercado de ganado cuando este debía ser una vaca ancestral y que, por la similitud de ambos animales en lo relativo a los cuernos, se lo emplumó al entorno de la plaza de toros. La verdad es que el presunto toro carece de todos los atributos de un toro, ya sean estos movilidad, bravura... todo lo contrario a una forma alabeada y geométrica de una mansedumbre abrumadora.
Un día me asomé y allí estaban el antiguo concejal, bailarín en excedencia, y el presunto artista colocando el engendro en un rincón que hasta ese momento había sido de una verdura fresca y cuidada. A los pocos días, de camino al rastro, oí a dos transeúntes preguntarse uno a otro y esto qué cojones es, una escultura, dijo el otro, pues vaya puta mierda.
De lado, es decir, de perfil, el toro ancestral cobra profundidad, combina el acero oxidado con un cemento gris o algo parecido, y en esa superficie gris alguien ha escrito con caligrafía colegial: “tetas, culo, mierda”. Así mismo, con sus comas. Yo me pregunto de dónde saldría un verso así, tan surrealista, con esa métrica, hexasílabo... y ese contenido, esa trinidad..., iniciado con una suerte erótica y culminado con una coprofilia, cuando no una coprofagia...

12 de Julio
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a mi hijo Darío
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oí mi alma crujir al pie de un lecho perfecto
y como a una crisálida líquida te posé en el vaso y quedé impune inmune flotando sobre el tiempo pensando que es posible ir más allá del límite sin cruzar el hielo
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¿hasta cuándo seré un cuerpo sin tiempo bajo un sol nuevo como ahora que me veo indestructible de piedracarne que llegará hasta el infinito sin pensar?
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hay luz donde el latir es invisible
una luz que me esperaba de párpado en párpado para alumbrar una ciudad posible en la que entre ramas de cemento hice un hogar para aves en el que una mañana convoqué a tu carne y a tu alma sin que pidieras venir ni a tu carne ni a tu alma
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han ido las alboradas con mano suave deshaciendo las nubes en los ojos y veo que a años luz las estrellas nos contemplan y sé que son tan viejas como su imagen en la que ya están muertas tanto como nosotros muertos muertos para siempre y vivos vivos para siempre como ellas a años luz en una imagen eterna porque una vez que es esta vivimos
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puedo andar contigo aunque aún no estás y ya te amo
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hay razones en todo lo que sucede porque es sencillo el mar como la tierra y voy a ver en la marea volver mi cuerpo de ahogado hasta la arena y voy a aplicar mi boca en mi boca y a volcar mi aire en mi aire y con mis ojos voy a ver abrir mis ojos
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quiero hundir mis pies en la tierra para ser un árbol que te acoja al inicio de tu vuelo en un territorio iluminado por otro sol más lento
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puedo abrir este texto en medio de la nada y sostener con mis manos cada uno de los labios de la herida y puedo sentarme debajo del silencio para sentir pasar su claridad y vivir de ese silencio varios lustros para estar contigo sin las palabras negras
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pájaros pican en la sangre que no coagula y la traen hasta el nido donde los asesino y extiendo un lienzo en el suelo y coloco sus cadáveres y sobre ellos pongo la ceniza de otro pájaro igual a ellos y de entre el polvo resucita su llanto mudo que cantando entra en mis huesos mas te prefiero te prefiero te prefiero a la precisa perfección de la nada aunque en tu sello con la alianza del ser esté el dolor
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el musgo que engordaba en mi lengua se ha vuelto una culebra y la culebra pájaro y el pájaro una extinción que resquebraja la piel de ceniza para poner en desnudo mi desnudo
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siguen los perros ladrando al otro lado donde el asfalto deja sitio a la vegetación desordenada más allá de la periferia negra pero mis oídos están sordos a la oscuridad pues los duerme tu pequeño ciclón verde
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las arañas atraídas por tu azul cruzan mi piel hacia su naufragio porque no hallan sino la huida de las palabras
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Aparecido en el nº 5 de la revista Paralelo Sur, Barcelona, 2007.

11 de Julio Exponen de Sorolla lo que es, para mí, la explicación a que se malograra su talento, es decir, su éxito. Vienen unos cuadros enormes desde la Hispanic Society. En ellos se ve lo que fue la empresa que se llevó sus últimos años de vida y el tiempo que debía haber dedicado a pintar un desayuno sobre la hierba, o un columpio. Se trata del encargo de un neoyorquino que consistía en ir retratando el tipismo de España durante seis o siete años. Sorolla debió darse cuenta de que algo no encajaba ya que tardó mucho en aceptar el ofrecimiento. Incluso el rey le animaba.
El caso es que los cuadros se ven desatendidos, hasta, algo impensable, con algún defecto de dibujo; composiciones simples, algún rasgo de su genial instinto para la luz, pero defraudan. Son el regionalismo en cuerpo y alma, el genio puesto a los pies de los chato, lo chusco, lo simple. Ni siquiera su familia quería acompañarle en esos viajes a la España profunda.
Dejó Valencia porque sabía que en Madrid era donde podía triunfar pero ese Madrid, desde las más altas instancias, le envió a lo más oscuro de la piel de toro, como si en ella algo sagrado y puro fuera merecedor de ser inmortalizado, digno de su talento. Así otros pintores, seguramente menos dotados, penetraron mucho más en lo que ha acabado por ser la historia del arte.

10 de Julio Como decía ayer, la biblioteca propia me parece una red en la que unos libros están vinculados a otros, con nudos creados a lo largo de los años, como un tejido con menos azar del que parece. Lo perfecto sería que todos estuvieran enlazados, que supieras la cosa de cada uno que te llevó a otro. Es como si entre todos configurasen un carta marina de la superficie que se extendiera por los extremos pero cada vez con menos ampliaciones... Y uno volvería a esa carta y lo que variase es que, a medida que uno envejece, se calase en ella a más profundidad, hacia el fondo.

9 de Julio Al trastear por la casa otro verano más pienso en los libros, en los vínculos que hay entre unos y otros y, por la tarde, se lo digo a Lutero en el sofá de siempre: “Cómo me intriga tu relación con los libros, tu biblioteca en la que por impulsos pasionales adquieres obras completas de equis autores cada poco”.
Sé que él piensa que esa forma de actuar es la correcta, y tal vez lo sea, que si algo merece la pena lo quiere en su totalidad. Primero intento desmontar su teoría de la obra completa argumentando que si él ha comprado la de Juan Ramón hace diez días yo sé que hace nueve vieron la luz dos libros inéditos del vate; uno sumamente erótico anterior a Zenobia que desmiente el perfil asexuado de Jiménez, y otro de aforismos con gran retranca humorística.
Sin duda esa pasión por las obras completas es, como todo, un rasgo de su psique. No sé..., tal vez otra quimera, pensar que todo un hombre puede estar en una compilación cualquiera, o, simplemente, que la literatura no fuera un azar cualquiera, un encontrarse por ahí con las palabras y que unas te presentasen a otras como a gente. Para conocer a un autor hay que intimarle, poco a poco, hallarlo aquí o allí, mal o bien editado, a destiempo o en la moda, con cubiertas bonitas u horribles; no se puede ir así, a bocajarro, y penetrarle.

8 de Julio En el jardín hay una paloma con una pata rota. Está tronchada totalmente. El fino hueso quebrado. Como es un apéndice tan pequeño no pesa nada y la piel sujeta fácilmente esas cuatro líneas que conforman ahora un tridente vuelto al cielo. A la pata coja salta entre las otras pero no consigue acceder a las migas que le echamos. Darío, además, prefiere llevarse las miguitas a su boca en lugar de arrojarlas.
Finalmente la paloma coja emprende el vuelo y se sitúa al otro lado del pequeño estanque donde no hay ninguna otra y nos mira esperando que le demos lo que debe saber que, por caridad, le corresponde. Está un poco más gorda que las otras. No sé si será porque, debido a la cojera, se mueve menos o porque, utilizando su minusvalía para provocar compasión, recibe más alimento de las gentes.