26 de Junio Todo sigue. Hay una gran sensación de consecución, como si lo que tenía que pasar acabase, antes o después, pasando. Es la obviedad, el clasicismo. De pronto todos tenemos hijos, una generación retardada, rezagada en sí misma. Otros, los que fueron menos lentos, ya van por los divorcios.
Yo me fijo por la calle en los demás niños y compruebo que todos hacen las mismas cosas, las mismas monerías, las mismas carantoñas, que terminarán por ser cosas nada sentimentales, por ser pura ciencia perceptiva. Me doy cuenta ya que el mío no es único y pienso en lo mucho que me ha costado entender que yo mismo no era tan especial, que era una repetición más. Muy esporádicamente, por unos segundos, el otro día me asaltó el pánico antiguo aquel que me repetía que un día desapareceré para siempre y, al instante, me contesté: "¿... y quién eres tú para perdurar?".
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