1 de Mayo En un grabado de Cornelius Cort aparece comprimida lo que habría de ser, en el siglo XVI, una academia de Bellas Artes. Al fondo un hombre pinta en un mural el bosque de una batalla con lanceros y caballos compungidos. En el centro una escultura de tema mitológico sujeta otra escultura más pequeña y, a su diestra, un salvaje de luengas barbas y melenas, desnudo y por el suelo, deja derramarse un líquido de un ánfora. A la izquierda un señor con anteojos disecciona un cuerpo desollado que, en postura amanerada, muestra los músculos de su anatomía. Justo debajo de este un esqueleto pende de una cuerda. Uno retoca los cascos de la escultura de un caballo, otro talla la madera de un grabado y uno más frunce el ceño mientras sostiene el compás abierto. Los dibujantes, un tanto desproporcionados, se meten por los huecos para copiar los modelos. ¿Cabe una escena más deliciosa? ¿Un visión más completa de la existencia humana?
Bruno Marcos
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